16 Junio 2014,
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ENTREVISTA DEL CICLO “HISTORIA DE LA CIENCIA LOCAL ¿PARA QUÉ?”

A

DRA. CECILIA VON REICHENBACH

DIRECTORA DEL MUSEO DE FÍSICA

DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA, ARGENTINA

Y MIEMBRO DE LA CIHCyTAL

por: Juan José Saldaña y Libertad Díaz Molina

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Estimada Dra. Von Reichenbach:

JJS/LDM: ¿Cuándo se creó el Museo de Física del Departamento de Física de la Universidad Nacional de La Plata y quiénes fueron sus promotores?

 

CVR: Se creó formalmente el 24 de noviembre de 1984, por iniciativa de los doctores en Física Guillermo Bibiloni, Carlos García Canal y Ricardo Gamboa Saraví, y el doctor en filosofía y profesor de historia de la ciencia Guillermo Ranea. Abrió sus puertas al público el 24 de septiembre de 1989, y desde entonces está a cargo mío.

JJS/LDM: Sabemos que el Museo alberga una colección de más de dos mil instrumentos que suponemos tuvieron un origen diverso pero que estuvieron integrados a la práctica científica argentina y que, a más de un siglo de su construcción, todavía funcionan y se les utiliza en el Museo con fines didácticos. ¿Podría decirnos por favor, por qué se debe acudir a la historia de la ciencia y la de sus instrumentos en la enseñanza de la física?

kohl1CVR: El acervo del museo tuvo como origen una colección de instrumentos de demostración, adquiridos a la firma Max Kohl, de Chemnitz, Alemania, que luego se fue completando con instrumentos de investigación que dejaron de usarse. Indagar en las razones de primera adquisición, una importante colección de 2761 instrumentos, necesariamente lleva a recurrir a la historia de la ciencia, y específicamente a la de su institucionalización. La adquisición del instrumental, así como la contratación de científicos entrenados en centros de excelencia fueron hechos significativos en la fundación del Instituto de Física de la UNLP, que tenía entre sus premisas la de ser una universidad científica y experimental. Cuando se decidió construir un museo a partir de la colección de instrumentos de física nos encontramos con que por un lado, no se trataba de instrumentos de investigación sino de enseñanza, y por otro lado no existía suficiente información, ni historiografía donde indagar detalles de la adquisición y la historia de estos aparatos. Además de los trabajos señeros de Lewis Pyenson de 1984 y Guillermo Ranea de 1991, sólo contábamos con la historia de la física local escrita por uno de los mismos protagonistas: La evolución de la física, escrita por Ramón Loyarte en 1924. La falta de otras fuentes históricas devino en que las afirmaciones, datos y omisiones de esta primera obra fueron institucionalizados. La investigación museológica que iniciamos pronto dio paso a la investigación en la historia de la ciencia local, que se ha convertido en mi tema de investigación y la de otros colegas como Guillermo Bibiloni, Osvaldo Civitarese, Leandro Andrini y Raquel Coscarelli. Así fueron sacadas a la luz trayectorias de protagonistas que habían sido omitidos o minimizados hasta el momento, olvidados por la tradición científica local, como en los casos de Tebaldo Ricaldoni y Magrete Heiberg – Bose. También encontramos algunos desarrollos científicos que, por ser realizados en Sudamérica, fueron poco o nada apreciados en la historia de la ciencia, como los trabajos de mecánica cuántica y magnetismo de Richard Gans, por ejemplo.

maquinaCuando recibimos visitas en el Museo y aludimos a determinados desarrollos históricos para poner en contexto algún principio o fenómeno físico, también hacemos referencia a los aportes –por humildes que sean- que se hicieron desde el Instituto de Física. De este modo se muestra una imagen de ciencia realizada por personas cercanas, desmitificando el quehacer científico como el fruto del trabajo de una elite -principalmente de comunidades europeas- especialmente iluminadas. Asimismo, se hace referencia a las circunstancias en que algunos desarrollos fueron obtenidos –como el caso del progreso de la termodinámica en la búsqueda de soluciones a los problemas de la revolución industrial.

JJS/LDM: En América Latina, según su conocimiento, ¿qué programas o iniciativas de enseñanza formal y no formal se llevan a cabo para promover una cultura científica que incluya el conocimiento de su historia local? ¿En su institución qué se hace a este respecto?

CVR: Desde los trabajos de especialistas en enseñanza de la ciencia se insiste en apelar a la historia de la física a fin de poner en contexto los desarrollos científicos y tecnológicos. Hasta qué punto son tenidos en cuenta los avances locales en América Latina no sé precisarlo, pero me consta por ejemplo que en Argentina se creó Tecnópolis, una mega exposición de ciencia y tecnología, donde se valoran y comunican los aportes locales. Lo mismo puede decirse del Museo de La Plata, que investiga y promueve la difusión de la historia de los naturalistas que trabajaron en estas tierras. Y sin duda existen otros ejemplos destacables, y que deberían multiplicarse. En el Museo de Física contamos con el privilegio de pertenecer a una institución pionera de la investigación en física en Latinoamérica, donde desde hace más de 100 años se hacen aportes científicos que vamos tratando de comunicar e incluir en el desarrollo de los temas que abordamos. Por ejemplo los aportes al desarrollo de la telegrafía sin hilos, de los submarinos, el estudio del magnetismo en medios materiales, la mecánica cuántica, el color del mar, etc.

JJS/LDM: ¿Qué factores y atributos ha identificado que contribuyan al éxito de tales programas?

CVR: La identificación del público con los investigadores es más fácil cuando se trata de personas locales, de los que se conocen circunstancias personales y sociales cercanas y palpables, a la vez que posibilita la valoración de la ciencia como actividad humana. Desde el punto de vista de la enseñanza, la contextualización de los desarrollos científicos y tecnológicos les da una perspectiva diferente, que muestra esas actividades insertas en el devenir social, como respuestas a demandas públicas, personales, privadas, etc. El sentir orgullo de los logros de un científico local hace más fuertes las raíces, y muestra también que es posible, y que el mundo de la ciencia no es ajeno al nuestro.

JJS/LDM: ¿Cuáles son las principales lecciones que se han aprendido a partir de estos programas? ¿Cuáles recomendaciones piensa usted que pueden hacerse a la luz de este aprendizaje?

CVR: Tienen muy buena aceptación por parte del público, que desea participar en actividades de comunicación de la ciencia que los acerquen al quehacer de los científicos locales, actuales y anteriores. La idea es rescatar los aportes logrados, independientemente de si fueron incluidos o no en la historia “internacional” de la ciencia, e insistir sobre todo por lo que lograron hacer a nivel local, tanto en la producción científica y tecnológica como en la formación de discípulos, y en la creación de las instituciones de enseñanza, investigación y desarrollo con las que hoy contamos.

JJS/LDM: ¿Cuáles obstáculos, en su opinión, enfrentan programas o iniciativas de este tipo en América Latina?

CVR: Desde la comunidad científica hay reticencia a dos cosas: a la investigación de la ciencia local, por considerarla de menor vuelo que la desarrollada por los grandes científicos internacionales, y en este aspecto, no existe todavía un trabajo interdisciplinario bien establecido en el que los historiadores trabajen junto a especialistas en la disciplina cuya historia se investiga. Por otro lado se considera la comunicación social de la ciencia como una actividad de menor jerarquía a la que debe dedicarse un tiempo relativamente breve, siendo que, realizada seriamente, requiere un trabajo con mucha dedicación de tiempo y esfuerzo.

Por otro lado, las instituciones de fomento de la ciencia (CONICET; Agencia de Investigaciones Científicas, etc.) cada vez dan más subsidios con fines específicos para programas de difusión de la cultura científica. Pero las instituciones que albergan museos, archivos y colecciones no han tomado conciencia todavía de su importancia, por lo que en general no tienen incluidos institucionalmente: no existen cargos adecuados (museólogos, archivistas, conservadores, restauradores, divulgadores), no hay criterios consensuados para los reglamentos, asignación de fondos permanentes, etc. En cada caso los responsables de los museos y archivos van solucionando las situaciones a medida que surgen, con mejor o peor suerte, y el futuro de estos programas depende de las voluntades de personas profundamente comprometidas con el cuidado y comunicación del patrimonio.

JJS/LDM: Muchas gracias estimada Dra. Cecilia von Reichenbach y nuestras felicitaciones por el excelente trabajo que lleva a cabo su institución.

Sitio web: Museo de Física de la Universidad Nacional de la Plata

Contacto en:

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Esta entrevista se verificó el 29 de mayo de 2014.

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